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Huele a moho
Yolanda Vallejo Márquez
Filóloga
A estas alturas preguntar por el cuadro de
los Mojosos suena un poco a lo de dónde está la llave matarile,
o quizá mejor al carro de Manolo Escobar, con aquella
reivindicación carpetovetónica de “donde quiera que esté, mi
carro es mío”.
Quizá a
estas alturas, lo que más interés tiene es que a la gente le
interesa que haya un interés por encontrar el cuadro. No sé si
me explico. La cultura, como se ha dicho hasta la saciedad, no
es un reducto de cerrado y sacristía, de presentaciones y
canapés para unos cuantos.
La
Cultura, con mayúsculas, es el legado que van atesorando las
generaciones y que llega a convertirse en una seña de identidad,
quizá de lo que pudo haber sido y no fue.
A estas
alturas, me da igual dónde esté el cuadro de Costus, quizá en un
lugar mejor del que se le supone, quizá dónde no habite el
olvido, quizá, quizá dónde la vuelta el aire... me da igual. Lo
que no me da igual y hasta me gusta –mucho– es que haya quien se
movilice –muchos– y logre movilizar a otros motivados por
aclarar, no ya el paradero de Los Mojosos, sino por buscar al
responsable de su triste desdicha.
El valor
de las cosas no estriba en su precio, ni en su tamaño, ni en su
edad. El valor de las cosas reside en la memoria y eso es lo que
precisamente reivindican los que asistieron el pasado viernes a
la convocatoria de la “causa mojosa”. Que no olvida, aunque a
veces se hagan los desmemoriados y dejen la puerta entornada. Y
que están convencidos de que la casapuerta de esta ciudad
necesita ventilarse, y mucho, porque ya huele a moho.
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