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Querido inspector
Clouseau
Tamara García del
Valle
Periodista
Sólo
falta usted, querido inspector Clouseau. Aquí, en Cádiz, en un
rinconcito azulado del Sur, le estamos esperando. Usted con su
gabardina acartonada, con su ridículo bigote, sus maneras
nerviosas, su asistente oriental tendiéndole emboscadas por las
esquinas. Este caso le viene como un traje hecho a medida.
Juzgue usted mismo: una desaparición a la vista de todos, unas
autoridades ciegas, mudas, un patrimonio cultural burlado, una
ciudad sin memoria, casi inconsciente, un crimen sin denuncia…
Un suceso casi tan rocambolesco como los métodos que usted
emplea, querido inspector Clouseau.
Sí. Fue
un golpe limpio. Al estilo de su archienemigo, El Fantasma, no
me lo negará usted. La pantera rosa ataca una vez más. Menos
elegante y más discreto. No ha dejado firma. Pero con el mismo
buen gusto de siempre. En su saco se llevó las pinceladas
atrevidas y singulares de un tesoro propiedad de mi ciudad. Un
cuadro que es un trozo del alma pícara y noble de mi tierra que,
como ella, está ensangrentada en carmines e iluminada de
amarillos, preñada de intrahistoria, con una alegría eterna.
No sé
qué opinará usted, querido inspector Clouseau, pero yo
preferiría pensar que este suceso es el golpe maestro de un
experimentado ladrón antes que obra de algún vivo del tres al
cuarto que tuvo la oportunidad y aún tiene la impunidad. O, peor
aún, que el problema no sea más que el fruto de la desidia, la
despreocupación y la ignorancia, que, al fin y al cabo, forman
una de las más efectivas bandas organizadas que le están
birlando los latidos a esta sociedad.
Imagínese usted, nos han llovido años y nadie echa de menos a
‘Los Mohosos’. Así se titula la joya desaparecida que fue parida
por los imposibles pinceles de Juan Carrero y Enrique Naya, los
geniales Costus. Años en los que pocas voces se han levantado
para dar la alarma. Años sin pistas y sin respuestas. Silencio,
querido inspector Clouseau. Solo silencio en contraposición al
anuncio, a bombo y platillo, de la adquisición de la colección
de El Valle de los Caídos que se exhibirá en el futuro centro de
arte contemporáneo de la ciudad.
Esto es
una urgencia. Le necesitamos, querido inspector Clouseau. Que,
por aquí, hay una comisión de investigación abierta y no hay
quien le eche el cerrojo. Que, por aquí, no hay quien dé con la
tecla. Venga usted y apriete los resortes necesarios. Apriete
con su torpeza infantil, con sus razonamientos absurdos, con sus
grotescas deducciones. Apriete de manera fortuita y esperpéntica
a una ciudad que sonríe por no llorar.
Que sí,
querido inspector Clouseau, que aquí le vamos a reír la gracia.
Que esto es de película. De una de las suyas. De esas que
terminan con un chiflado que dice la verdad, con un personaje
que no se entera de nada, con una chica lista que engaña a
todos, con el culpable disfrutando del botín, con la palabra fin
mecida por una música simpática, quizás una canción ligera
amenizada, incluso, con algún númerito de baile... De esas
películas en las que usted se va como vino, con su gabardina
acartonada, con su ridículo bigote, con su fiel colaborador de
ojos rasgados… Convencido de haber resuelto todo, sin haber
aclarado nada. Ya le digo, un caso a su medida.
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