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El Caso Cutrel
Pepe Monforte
Ariza
Periodista
Es
cierto que todo lo que tiene que ver con la cultura carnavalesca
siempre ha funcionado un poco al grito de que “el que lo coja pa
él” y eso ha hecho que muchos de los tesoros que podrían
engrosar el esperado pero no llegado Museo del Carnaval, estén
más perdío que un plato de menudo en un camping de vegetarianos.
Esto ha
hecho que, además, muchas de las personas que posean grandes
tesoros de la fiesta, conseguidos con su trabajo, sean en muchas
ocasiones muy reacios a enseñar sus pequeñas joyas porque temen
que la joya desaparezca con la misma facilidad que el menudo de
antes puesto en un camping de potajistas sin fronteras.
De
todos los investigadores del Carnaval es conocido que en
hemerotecas de Cádiz se han arrancado páginas de la historia de
la fiesta porque el muchachito de turno prefirió en vez de
copiar el texto, que es mucho esfuerzo, llevárselo para su casa
arrancándolo a fino tirón del libro donde se encontraba... esto
es Cádiz y aquí hay que mamá, que diría la copla.
En este
mismo campo de las desapariciones misteriosas de las joyas del
Carnaval de Cádiz se inscribe el que podríamos llamar caso
Cutrel de Cádiz o, lo que es lo mismo, cómo desaparece un cuadro
de un edificio público sin que se entere nadie y, lo que es peor
aún, sin que nadie lo explique.
Si en
Valencia desaparecían las facturas de los trajes que se hacía el
honorable Camps, en Cádiz desaparecen los cuadros mojosos y una
imagen, no precisamente de bolsillo, pintada por los más
importantes artistas plásticos gaditanos de los últimos años, se
quita de en medio de la misma forma en que Teófila Martínez se
quitó de en medio cuando se escaparon los toros por la calle
Ancha, estropeándole a la pobre mía su foto soñada con el crúo
de Cruis, personaje que siempre se recordará en esta ciudad
porque se fue sin probar las tortillitas de camarones… igualito
que Pier Brosman que se hizo famoso en El Faro por lo listo que
fue para aprender a pelar gambas.
Se
cumplen catorce años de la desaparición del cuadro de los Costus,
vamos, más años que los que se ha llevado sin “gurri” el niño
meón de la estatua de La Alameda. Catorce años sin que los
ciudadanos hayan merecido ni una explicación por parte del
Ayuntamiento a pesar de las preguntas y del particular interés,
más que encomiable por cierto, de Sherlock Javi Osuna, una de
las personas que conoce de maravilla la historia del Carnaval de
Cádiz.
Sería
bueno que alguien diera la cara, que se reconociera, al menos,
que el cuadro está desaparecido y, acto seguido, habrá que decir
que se va a empezar a buscarlo porque en algún lado tiene que
estar, aunque cualquiera sabe si al final la historia puede ser
de lo más cutrel. Conociendo los conocimientos culturales de uno
que todos sabemos cuando vió el cuadro mojoso, seguro que ordenó
que le dieran una manita de minio para quitarle la humedad y
ponerlo con más brillo que los varales del palio de la Virgen de
La Palma.
No te
extrañes Javi, que, como está Cádiz, el cuadro de Los Mojosos le
hayan dado tal limpiao para quitarle “la humedad” que cualquier
día lo presenten como un homenaje a la tienda de Eutimio que
acaban de cerrar en la plaza La Catedral.
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