LOS MOJOSOS

Con el Ayuntamiento de Cádiz perdiendo obras de arte... ¡No!

 

A un amigo desaparecido

 

Manuel González Piñero. Ex Concejal de Cultura y Fiestas

Regina González Gallo.

 

 


 

No se qué sería peor: salir ardiendo, salir rajado, destrozado, desfigurado, desmarcado o simplemente, desaparecer.

 

Cuando las cosas desaparecen se cubren con el engañoso velo de la transparencia. Están pero no están. No entran pero tampoco salen. No cierran su círculo vital y quedan en el limbo de la indolencia.

 

Desaparecer es dejar abierto tu escritorio con el calendario señalando los días y el reloj marcando los tiempos, todos los tiempos perpetuos hasta que se reaparece.

 

Es terrible desaparecer sin rastro. Que sólo tus cosas indiquen que no has muerto, sino que estas desaparecido y, claro, mientras no apareces no hay forma de cerrar esta infame crueldad que invade al que espera, esta congoja de no saber si reír o llorar.

 

A las cosas les ocurre lo mismo que a las personas.

 

Yo recuerdo que mi abuela le ataba los cojones a San Cucufato y así lo tenía al pobre santo, atrincojonado, hasta que aparecía lo desaparecido. En ese momento se le liberaban los cojones al santo y este podía volver a su vida. Lástima, para lo que le servían al casto Cucufato...

 

Alguien, y digo alguien, ha “desaparecido” un cuadro.

 

No cualquier cuadro, no. Una obra que se compró con el dinero de todos, para que nos sirviera a todos, y que luego contempláramos todos. Alguien, y digo alguien, lo ha “desaparecido”. Alguien, y digo alguien, lo sabe, y debe hablar. Los Costus no se merecen la “desaparición”, y nosotros, sus legítimos dueños, aún menos.

 

Y acuso. Yo acuso a los que teniendo la obligación de cuidar de él lo han desaparecido. Y exijo. Por eso creo que, como hacia mi abuela, les deberíamos atrincojonar hasta que recordaran dónde lo desaparecieron y nos lo devuelvan.

 

Mientras esto no ocurra no podremos cerrar el círculo, no podremos descorrer el velo, ni parar el reloj, ni pasar las hojas del calendario.

 

Alguien, y digo alguien, nos lo tiene que reaparecer.

 

Y ya.

 

volver