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Dónde están los
Mojosos
Juan Ramón Cirici
Profesor UCA
Como
testigo activo de los acontecimientos, participé como
organizador, conferenciante y comunicante, alternativa que no de
manera estable, en los diferentes Congresos de Carnaval del
antiguo régimen, llamémosle así, no podría permanecer mudo
ante el extravío del cuadro de los Mojosos, que junto a
otros referente a la fiesta gaditana, dio cuerpo a tan gaya
cartelería así como demás expresión de los encuentros tales como
tarjetas, folletos de mano, portadas de libros, etc.
Haciendo un poco
de historia creo recordar que fue en 1986 cuando la entonces
Fundación Gaditana del Carnaval le encargó a Costus, Enrique,
quienes por aquellas fechas vivían en El Puerto, un cartel
anunciador del Carnaval. El encargo parecía idóneo para quien,
caso del mencionado Enrique, era un extraordinario dibujante,
rápido, intuitivo y colorista, experimentado en las artes
gráficas y el reclamo inmediato, había trabajado en una imprenta
y, posteriormente, en la Dirección General de Tráfico y, desde
luego, conocía a la perfección la fiesta típica gaditana,
con quien compartí alguna.
Efectivamente,
poco después, aparecieron por los despachos de Isabel la
Católica grupos ilustres de chirigoteros, tomados en
diferentes ángulos y actitudes, de dominantes y contrastados
colores, sintéticas secuencias y abocetados trazos. Originales y
diferentes en sus tipos y tonalidades cromáticas mantenían, sin
embargo, elementos básicos comunes y seriados. Había algo en
común esencial e indescifrable: tenían vida y sentíamos sus
alientos.
Este carácter de
serie, colección o conjunto, hace más sangrante la pérdida de
uno de sus componentes. Dado el sentido del arte, único,
universal e irrepetible, diría que imprescindible e irreparable.
No sólo se ha perdido un cuadro sino que se ha atacado a la
integridad. Todo cuerpo empieza a morir por la pérdida de uno de
sus órganos.
No sabemos, aún,
en que lugar del Parnaso sentaran sus posaderas los Costus. Pero
a pesar de su corto periplo vital su obra es amplia, variada y
reconocida. Al trabajo personal, y no voy a hacer ahora recuento
del repertorio, se unen toda una serie de virtudes técnicas e
intelectuales que han situado su producción al nivel de las
exigencias del Arte con mayúsculas. De ello da cuenta su alta
consideración, y cotización, en el mundo artístico así como su
incorporación a la historiografía oficial de las bellas artes y
segunda mitad del siglo XX. En cuatro ocasiones realicé reseñas,
o critica artística, sobre los Costus, exposiciones, edición de
libros y otros acontecimientos. El aparecer hoy en su
bibliografía da orgullo y brillo a quien esto escribe. Como en
el caso de las agrupaciones gaditanas, siempre encontraremos en
su obra algo de desbordante proximidad, o realidad, vital,
positiva, colorista y fascinadora. ¿Quién volviera a los
ochenta?
Por todo ello no
me queda más que agradecer a Javier Osuna la inquietud
demostrada en este importante y preocupante asunto y, desde
luego, la oportunidad de incorporarme a la plataforma como a
cualquier otra reivindicación de los Costus.
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