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Adhesión mojosa
José Manuel Pérez Moreno
Médico
Reconozco
que cuando los conocí, poseía escasa información sobre ellos,
sobre su vida y sobre su arte. Había escuchado que pertenecían a
una corriente conocida como la “movida madrileña”, y que eran
pareja de facto, cuestión no muy bien vista en la época. Una
desconocida, fatídica y cruel enfermedad se cruzó en sus vidas y
marcó los últimos años de su vitalista trayectoria.
Enrique,
gaditano, ingresó en nuestro añorado Hospital de Mora y, durante
su estancia, Juan lo cuidó con un mimo y una ternura exquisitos,
incomprendida para algunos, ejemplarizante para otros. A diario,
Juan llegaba a San Miguel, con su ramito de flores y la mejor de
las sonrisas, para acompañar y apoyar a su pareja, en la
terrible incertidumbre de su enfermedad, la cual él también
terminó sufriendo. La monja de la Sala no entendía nada y
refunfuñaba ante las muestras de cariño que se profesaban,
aunque muchos en el anonimato rajaban de su relación amorosa en
aquella España de la Transición. El tiempo que duró la
hospitalización fue una constante lección de amor, la cual
sorprendió de forma impactante. Fueron amables, cercanos y
humildes en su trato, dejando tras su alta un recuerdo cariñoso.
Asumieron la aciaga confirmación de la infección con entereza, a
pesar de que les deparaba un incierto pero nefasto futuro. Su
brillante carrera artística se frenaba, de cuajo, en una época
plena de gracia y esplendor.
Esta
vivencia me acercó mucho más a la obra pictórica de Costus, que
dejaron en muchos de nosotros ese punto de ternura que
determinados pacientes nos impregnan para siempre. Como no podía
ser de otra forma, me produjo una especial satisfacción y
alegría el impulso de sus cuadros en nuestra ciudad, que por
fin reconocía su “chochonismo ilustrado” y favorecían su
percepción por el “populacho” gaditano, que iba reconociendo
como suyos los arraigados estereotipos que la pareja bordaba en
sus lienzos. Estoy convencido que este reconocimiento popular,
que tantas veces falta o llega tarde, los llenaría de orgullo.
Precisamente
ese sentimiento de propiedad gaditana, arraigado en nuestra
genética fenicia, salta por los aires tras conocer que sigue sin
saberse nada del paradero de la obra “Los mojosos”, que
representaba el divertido e impactante tipo de esta chirigota
gaditana del Concurso de 1983. Tras la denuncia formulada por el
amigo Javi Osuna, y que suele refrescar todos los años en sus
columnas carnavaleras, seguimos tan “perdíos” como el nombrado y
conocido “barco del arró”.
La
referencia a la desaparición de dicho cuadro, parece haberse
convertido en otra, una más, de las tantas e innumerables
“divergencias políticas” que se mantienen en nuestra ciudad. El
problema radica en que seguimos sin tener noticias sobre el
paradero de algo que pertenece al patrimonio de todos los
gaditanos. Tiempo ha transcurrido para que conociéramos la “hoja
de ruta” que ha seguido la obra de Costus. La cuestión radica en
algo tan simple como complejo resulta conocer el retraso
acumulado en explicar su paradero. Sería jodido aceptar un
accidente o un robo, por ejemplo, pero peor me parece la
ausencia de una explicación rotunda y contundente enmascarada en
el contexto del “chanchulleo” político.
Desde la
humildad de este Foro, demando, ruego, exijo una aclaración, si
no sincera sí convincente, con el ferviente deseo de que se
reponga el patrimonio de todos y cada uno de los gaditanos. El
coste –político o social–, a pesar de la de “mármol” que muchos
gastan, debería llegar por añadidura.
http://grupogastronomicogaditano.com/Principal.htm
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