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Rocanrol mojoso
Enrique Alcina
Echevarría
Periodista
Rocanrol
mojoso. Balada del tiempo perdido. Una chirigota eléctrica,
incandescente, colorista y chic. Cutre y polvorienta. Los
monumentos de Cádiz, mirándose a la cara, jugando con el viento.
Y señalando al futuro imposible, por ahí queda el porvenir, tó
tieso. Tanto olvido después, en lo alto de la punta tecnología,
muchas estatuas señalan al horizonte, unos en apariencia
triunfal, otros a punto de descubrir la tierra, otros en pos de
una razón. Hoy, en los diarios, a diario, los políticos que
visitan las obras en señal de propaganda, también señalan al
horizonte, nadie sabe si será el mismo horizonte. Todo el mundo
sabe que los horizontes perdidos suenan a chirigota eléctrica, y
que un cuadro no se puede extraviar así como así. Cogedlo ahí.
Marcel
Proust no hubiera perdido el tiempo en Cádiz. Ni Miles Davis, ni
Lenny Bruce. Una pizca de novelería, el sonido de la trompeta de
fondo a paso lento y algo de humor propio, unas veces
entusiasmado, otras melancólico. Los Costus retornaron a Cádiz
impregnados de la cosmopolita presunta movida madrileña, que en
realidad no fue tal. No existió apenas. Sólo unos cuantos
privilegiados crearon el ambiente propicio para "algo"
intangible que de seguido encasillaron y empaquetaron los
mercaderes de ilusiones. No estuvo mal, duró poco. Los Costus
abrieron su casa a los nuevos colores, colmaron la estancia de
colores, pintaron lienzos luengos y monumentales, provocaron lo
suyo, pero tampoco pudieron vencer la nueva ola de envidias e
intrigas y optaron por volver a la Bahía, a un caserón de El
Puerto de Santa María donde los cuadros crecieron hasta límites
insospechados, techos altos, amplios aposentos, salones con
vistas al silencio. Hasta que entró el Carnaval para quedarse.
Los Costus vieron algo en la chirigota, un movimiento pop, y la
música cobró vida. Tres por cuatro, rocanrol mojoso. Hoy sólo
quedan postales de recuerdo. Nadie olvida. Escucha la copla
misteriosa, estampas de anteayer, la sospecha y el mosqueo en
paradero desconocido.
Odioso e
insano deporte, el que lo coja pa él, sin derecho a réplica.
Fullero mundo del arte infinito de la picaresca oficial,
lastimero canto al pueblo, voces en todo lo alto, espuma blanca
en la cresta de la ola, adiós a la inocencia, empujones a la
razón, un montadito de desidia y poco más. Suena raro. Se ha
perdido un cuadro. Se busca. Javi Osuna no es hombre que se
arredre con facilidad, arrió la carná y sembró el deseo de
esclarecer una duda gigante. Javi Osuna preguntó una, dos, hasta
tres veces por el cuadro, y encontró respuestas huecas, como las
escaleras del cielo. Javi Osuna no descansará, sólo pide un
cuadro que es de todos, sin segundas, ni terceras. Se suman
ahora a su iniciativa un montón de gaditanos, seguidores de lo
imposible, amigos de la luz, cada uno de su padre y de su madre.
Los Costus ya no están para contarlo, pero pervive su memoria,
imágenes rubias y morenas, sonrisas tristes, sombras de la
china, folklore diario del corazón. Nadie los olvida. Rompieron
moldes, y construyeron universos, no debe ser fácil componer y
quebrar a la vez; ellos lo hicieron una y otra vez. A sus obras
se remiten hoy los hechos y derechos de personas singulares y
plurales, de los trazos de su vida y cuadros extraemos hoy
consecuencias, nada fue un error, todo es de color, salvo
excepciones.
En Cádiz
se pueden perder los papeles. Cádiz es capaz de perder el paso,
o de perder pie en agua tapá, sin inmutarse. La oficina mundial
de objetos perdidos establece una sucursal en este rincón por
imperativo moral, mercadillo ambulante de relojes parados, joyas
mentirosas o coches deluxe listos para su desguace virtual.
Cádiz pierde años cada año, siempre va por tres mil y pico. A
veces pierde oportunidades, aunque nunca pierda la ocasión de
callarse. Pero perder un cuadro de Los Costus, y precisamente el
de los mojosos, emblemáticos adalides del ritmo y de la humedad
reinantes ... home, por favor.
http://ealcina.blogspot.com/
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